En las últimas semanas, México ha sido testigo de una situación sin precedentes. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) decidió revisar y, posteriormente, repetir de manera presencial parte de su proceso de admisión después de detectar irregularidades en el primer examen de ingreso aplicado completamente en línea. La decisión afectó a decenas de miles de aspirantes y modificó incluso el calendario de inicio de clases para los estudiantes de nuevo ingreso.
Más allá de la investigación sobre las posibles trampas, el uso indebido de herramientas tecnológicas o las responsabilidades que eventualmente determinen las autoridades universitarias, esta situación deja una reflexión mucho más profunda para las familias mexicanas.
Al final, quienes también resultaron afectados fueron miles de jóvenes que estudiaron durante meses, hicieron las cosas correctamente y hoy enfrentan nuevamente incertidumbre sobre su ingreso a la universidad. Esa incertidumbre nos recuerda una realidad que muchas veces olvidamos y esa es que hay factores que simplemente no podemos controlar.
Durante años hemos repetido una idea que es cierta, pero incompleta: "Si estudias mucho, podrás entrar a la universidad que deseas." El esfuerzo sigue siendo indispensable, la disciplina y preparación también. Sin embargo, el acceso a la educación superior depende además de muchos otros factores: la cantidad de lugares disponibles, el número de aspirantes, los procesos de selección, cambios en las reglas de admisión, plataformas tecnológicas e incluso decisiones institucionales que pueden surgir después de presentar un examen.
El reciente caso de la UNAM demuestra precisamente eso… no se trata únicamente del desempeño de cada estudiante. Existen variables externas capaces de modificar completamente el panorama y eso debería llevarnos a una conversación distinta como padres de familia.
La competencia por ingresar a una universidad pública nunca había sido tan intensa
Cada año, cientos de miles de jóvenes buscan ingresar a las principales universidades públicas del país, pero el número de espacios simplemente no alcanza.
En el proceso más reciente de la UNAM participaron alrededor de 158 mil aspirantes, mientras que las plazas disponibles fueron poco más de 22 mil, lo que significa que únicamente una fracción de quienes presentan el examen logra obtener un lugar.
Eso significa que incluso estudiantes con excelentes resultados pueden quedarse fuera y no necesariamente porque les faltó preparación, simplemente porque la demanda supera ampliamente la oferta.
Imaginemos por un momento a una familia. Su hijo se preparó durante meses, presentó el examen e hizo todo lo que estaba en sus manos; pero finalmente no obtuvo un lugar en la universidad pública que buscaba. Para muchas familias aparece una pregunta difícil: ¿Podríamos pagar una universidad privada si fuera necesario?
En algunos casos la respuesta es sí, en muchos otros, lamentablemente, no. Y entonces el problema deja de ser académico y se convierte en un problema financiero.
Muchas familias descubren demasiado tarde cuánto cuesta una licenciatura. Las colegiaturas, materiales, transporte, alojamiento, intercambios y otros gastos representan un compromiso económico importante que, si no fue planeado con anticipación, puede convertirse en una carga difícil de asumir.
Esperar hasta el último momento suele significar recurrir a créditos, utilizar ahorros destinados a otros objetivos, vender patrimonio o, en el peor de los casos, posponer los estudios.
Ahorrar para la universidad no significa renunciar al sueño de una institución pública
Existe una idea equivocada que vale la pena aclarar. Algunas personas creen que ahorrar para la universidad implica asumir que su hijo no ingresará a una institución pública, pero en realidad ocurre exactamente lo contrario.
Ahorrar significa estar preparado para cualquier escenario. Si el estudiante obtiene un lugar en una universidad pública, ese fondo podrá destinarse a otros gastos relacionados con su formación, como especialidades, intercambios académicos, posgrados, manutención, idiomas, certificaciones o incluso emprender un proyecto profesional. Pero si necesita estudiar en una universidad privada, la familia tendrá alternativas y esa diferencia puede cambiar completamente la historia.
Cuando existe una planeación financiera previa, las decisiones dejan de tomarse bajo presión, los padres pueden concentrarse en acompañar a sus hijos y los jóvenes pueden elegir con mayor libertad.
Eso no elimina la incertidumbre propia de un proceso de admisión, pero sí elimina otra preocupación mucho más pesada: "¿Cómo vamos a pagar la universidad si necesitamos otra opción?"
La polémica alrededor del examen de admisión de la UNAM pasará, las investigaciones concluirán, los procesos cambiarán, las generaciones seguirán llegando, pero la lección permanecerá.
La educación de un hijo es demasiado importante para depender de un solo escenario. Prepararse financieramente no significa perder la esperanza de ingresar a una universidad pública, significa tener la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, existirán alternativas para continuar construyendo su futuro.
En Mexicana de Becas creemos que planear con anticipación es una de las mayores muestras de amor hacia los hijos. Desde hace más de 34 años acompañamos a miles de familias mexicanas a construir un fondo de ahorro educativo que les permita enfrentar el futuro con mayor libertad, tranquilidad y opciones. ¡Contáctanos!